El irrefrenable deseo de ser
conduce nuevamente a Cuerpo hacia la vida
aun sabiendo del peligro que existe en los huecos del presente.
Alguien con olvidos en la cabeza se desmemoria
reprogramando en la barra del bar sus circunstancias,
devorando letra impresa mientras liba
cualquier sucedáneo de felicidad.
Cuerpo se sitúa al lado,
buscando perderse en la sombra que pueda emanar del ser,
haciéndose menos
para encontrar cierta inmunidad.
Pero la vida no cesa
y los maniquíes están nuevamente invadiendo la acera
para capturar disidentes y reintroducirlos al rebaño.

