
El propósito que me inspira a escribir esta serie de artículos, es abrir un espacio para expresar ideas y cuestionamientos que me han acompañado desde hace mucho tiempo y que se enmarcan en una búsqueda personal. ¿Qué pretendo explicar? Experiencias decisivas de la vida, esa red de causas y efectos que tejen los hilos de nuestro destino, el por qué de circunstancias repetitivas, la constelación de personajes que transitan en nuestro entorno y a veces parecen obedecer a un prototipo, comportamientos y conductas que sigo interpretando a la luz de disciplinas que han aportado mucha claridad y nuevas perspectivas de comprensión.
Audio de Virginia Gawel – La Pareja Secreta
A diferencia de lo que creen los fanáticos, no existe un manual con fórmulas infalibles para vivir. No se trata de lograr el equilibrio y permanecer estáticos en una inercia estéril, sino de ser acertivos. Y ser acertivo implica poder reconocer qué herramienta usar en determinada circunstancia, esta es una capacidad que puede entrenarse, observando de manera crítica las experiencias que se repiten en nuestra vida, las personas que suelen cruzarse en nuestro camino con mayor frecuencia, y lo más importante: el rol que adoptamos frente a estas situaciones, la forma en que nos posicionamos frente al mundo.
Algo que me genera incertidumbre y angustia, es saber cuándo ha llegado el momento de ponerle fin a una situación; ya sea una relación laboral, de pareja, una amistad, un proyecto, un meta, un anhelo contemplado por mucho tiempo. Hay que ser sabio para reconocer cuándo conviene perseverar y cuándo es inútil avanzar por caminos intrincados que nos encierran en una encrucijada de la que es imposible no salir lastimado.
Es un proceso de experimentación que abarca la vida entera, aprender a reconocer cuándo no vale la pena luchar y lo más sano es decir: ¡Basta! Si hay algo valioso en el dolor, es que nos enseña cuándo estamos equivocados y debemos darle un viraje al timón para no estrellarnos. Si el dolor aparece en nuestra vida es porque algo nos está dañando y por eso sobra. Hay personas que actúan como la maleza, se enredan en una planta sana hasta asfixiarla y no permiten que reciba los rayos del sol. La maleza hay que arrancarla de raíz, para que proliferen las plantas que pueden dar fruto. A veces al mirar cuál es el fundamento de estas relaciones, metas y deseos, podemos notar que sus raíces están podridas, arraigadas en arenas movedizas o gravitando a la deriva, en la irrealidad; pero no están sembradas en terreno sólido donde puedan afianzarse y crecer.
No nos obliguemos a cargar una cruz que no nos pertenece, ni le pertenece a nadie porque está basada en creencias falsas y erradas. Es necesario activar el escáner para detectar esos programas nocivos que nos llevan a obrar contra nosotros mismos; una vez se tengan identificados esos enemigos interiores, hay que integrarlos en la conciencia para ser individuos más coherentes y plenos, y tenerlos siempre en la mira para evitar salpicarse con el mismo fango. Sin embargo, tampoco es sano medir el futuro con la moneda del pasado.
Somos el objeto de las proyecciones de otras personas, y a su vez proyectamos expectativas, miedos y carencias en los demás. Tanto unos como otros terminamos engañados.
A veces la ira de haber sido burlados, nos aprisiona en el pasado y nos impide avanzar. La ira es producto de la frustración, que no se convierta en nuestro derrotero porque solo conseguiríamos seguir repitiendo la misma historia.
Es como estar hipnotizados largo tiempo y de repente se rompe el hechizo y podemos reconocer lo que siempre estuvo ahí frente a nuestros ojos. ¿Por qué antes no lo vi?
«Algo que me genera incertidumbre y angustia, es saber cuándo ha llegado el momento de ponerle fin a una situación; ya sea una relación laboral, de pareja, una amistad, un proyecto, un meta, un anhelo contemplado por mucho tiempo.»
Siempre es mejor aceptar la realidad en vez de vivir esperando que esa persona cambie y se convierta en alguien que no es. En general, todos tenemos en mayor o menor medida percepciones falsas acerca de nosotros mismos y de los demás, pero hay quienes respiran en una burbuja y se inventan un personaje que pretenden vender a los demás, y cuando los conoces, descubres que obran exactamente de forma opuesta y son la antítesis de quien creen ser. Están los que juegan a ser víctimas siendo en verdad, victimarios. Sin embargo, para que se dé esta dinámica se necesitan dos.
Luz Katherine Gil

