La parodia de la siesta me entretiene aquí sentado,
sin poder asimilar los contenidos del sustento emocional,
del hemisferio derretido de las sombras que acontecen,
en los parques de argamasa y mucho ruido,
pero bien es lo que dicen de memoria en el olvido inevitable,
cuando estrellas de piel dura se nos caen en el medio de una plaza o en un patio,
y se estrellan sin poder inevitar los esplendores efemérides,
y por eso son tan bellos los instantes,
donde pasa un colectivo y se refleja en algún vidrio de un colegio largo,
a estas horas de una siesta que no apoya mi moción de no dormirla y ya no es siesta,
es otra cosa que inauguro satisfecho,
de saber que no son pocos los que plagian esta siesta en redimirla de los elfos,
que visitan a la tarde en pesadillas al dos mil seiscientos o en algún pasaje,
casi ignoto por sí mismo,
que descansen.

