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El molino quemado… un santuario natural
Los caminos estaban llenos de polvo, secos, muy secos. La tierra cubría las hojas de las plantas que surgían rebeldes, amontonadas unas con otras, al costado del camino. Más adentro de los alambrados, las plantaciones de girasol, sorgo, maíz o trigo, afloraban mansas, sumisas, en ordenadas filas rectilíneas. El conjunto lucía como una armoniosa ciudad civilizada, donde cada cual está donde debe estar.
